23/12/09

Qué gusto leer a Enrique Vila-Matas, parece que no pasa nada, parece que no escriba y que sólo sea alguien que está comentando algo cuando abres un libro. Quizá el secreto sea que hay escritores que viven en sus libros y otros no, otros utilizan sus libros como casas alquiladas o impersonales habitaciones de hotel. La escritura es ese espacio en el que habita una persona, el autor, el responsable o portero del edificio que con su escoba quita las hojas del portal y charla fugazmente con los vecinos. Vecindad, escritura, intimidad, Vila-Matas.
Es normal que cuando alguien decide empezar a escribir utilice una de esas frías habitaciones de hotel tan impersonales para plantar su historia. Por eso las palabras salen igual que la estancia: frías, desconocidas, irrelevantes. Hace falta recorrer mucho camino o tener una personalidad privilegiada para que las palabras salgan contadas de forma natural. Esto no es un libro, nos dice Vila-Matas, soy yo, es mi formato papel, mi verdadera vida, puedes leerla o no pero si la lees no lo hagas con esa cara tan circunspecta.
Mañana tengo que coger un avión. Quizá me acompañe Enrique para aliviar la espera en esas salas que nadie entiende y en las que huele a tiempo congelado y a sándwiches de máquina. Qué remedio me queda que coger el libro y esconderme allí hasta que la nave decida hacer su aéreo trabajo y dejarme allí donde pone el billete, en esa ciudad abreviada a tres letras que indica mi destino. Otra pista falsa: la abreviación, la mayor enemiga de la literatura. La abreviación supone una rendición a la realidad y sus maquinarias, supone que la eficiencia y la economía empiecen a quemar libros en aras de su ideología de principios básicos. ¿Qué libros leerá Vila-Matas cuando tenga que coger aviones o tenga que esperar a que ciertas cosas sucedan? No me lo imagino leyendo los suyos pero sí, seguro que sí, buscará otros que le digan cosas parecidas. Uno tiende a la identificación, a la búsqueda de iguales. Esa práctica se va destapando con la edad y ya no hace falta camuflarla para que nadie entrevea el gran narcisismo que todos padecemos.
Todavía no sé que libro elegir para el viaje, creo que Exploradores del abismo podría servir, es uno de los más hablados, de esos en los que el autor parece estar sentado en el taburete de un bar y le cuenta algo a cada cliente que se sienta a su lado. Bonita forma de entender la literatura. Enrique hace gala de eso de que el estilo es la forma natural de contar que alcanza cada escritor como premio por haber llenado tantas páginas y haberse asomado tantas veces al abismo. Quizá el premio no sea para él y sí para sus lectores porque al final uno acaba comprando una voz, no una historia. Eso lo saben los editores. Una vez que tu voz se diferencia del resto ya no hay que hacer nada. Esa es la mejor campaña de marketing, los libros se defienden solos en la tienda y el escritor puede escribir lo que le dé la gana. Una voz, un estilo, muchas vidas en las que ir pasándose los libros de mano en mano. Eso queda. La posteridad es algo muy físico, nada trascendental. Me da que Enrique la verá, no porque él la busque o la deseé, eso es lo de menos, sino porque sus lectores harán que llegue hasta ella. En ese momento (y sin bajarse del taburete) Vila-Matas volverá a contar su historia.

2 comentarios :

lacampanera dijo...

Hola. Yo también me pregunto a menudo esto mismo. A mi me sucede que soy incapaz de escribir sobre esos lugares que desconozco, por eso encuentro que quien sabe hacerlo posee una gran virtud. Pero a todos esos textos que se escriben sobre cosas que no se viven los llamo Ficción, aunque no salgan naves espaciales ni Godzillas.
Te paso un texto (aunque es un poco largo como para ser comentario) que a mi me gusta mucho:

"Como todos ustedes saben, la pregunta que más a menudo se nos hace a los escritores, la que más gusta, es la siguiente: ¿Por qué escribe? ¡Escribo porque me sale de dentro! Escribo porque soy incapaz de hacer un trabajo normal como los demás. Escribo para que se escriban libros parecidos a los míos y yo pueda leerlos. Escribo porque estoy muy, muy enfadado con todos ustedes, con todo el mundo. Escribo porque me gusta pasarme el día entero en una habitación escribiendo. Escribo porque solo puedo soportar la realidad si la altero. Escribo para que el mundo entero sepa la vida que hemos llevado y seguimos llevando yo, los otros, todos, nosotros, en Estambul, en Turquía. Escribo porque me gusta el olor del papel, de la pluma, de la tinta. Escribo porque más que en cualquier otra cosa creo en la literatura y en la novela. Escribo porque me da miedo ser olvidado. Escribo porque me gustan la fama y la atención que me ha proporcionado la escritura. Escribo para estar solo. Escribo porque puede que así comprenda la razón por la que estoy tan, tan enfadado con ustedes, con todo el mundo. Escribo para ver si acaba de una vez esa novela, ese artículo, esa página que he comenzado. Escribo porque eso es lo que todos esperan de mí. Escribo porque inútilmente creo en la inmortalidad de las bibliotecas y en cómo mis libros están en los estantes.

"Escribo porque la vida, el mundo, todo, es increíblemente hermoso y sorprendente. Escribo porque me resulta agradable verter en palabras toda esa belleza y esa riqueza de la vida. Escribo no para contar una historia sino para crear una historia. Escribo para librarme de la sensación de que hay un sitio al que debo ir pero al que no consigo llegar, como en un sueño. Escribo porque no consigo ser feliz. Escribo para ser feliz."
por ORHAN PAMUK

lu dijo...

Muchas gracias por tu comentario. Conocía ya el texto de Pamuk, la primera vez que lo leí me emocionó y hoy no ha sido menos. El escritor turco es otro de mis favoritos.

Un saludo