15/9/15

Todos los pasajeros del vagón estábamos unidos por un hilo. El problema es que a esas horas nadie lo piensa. Resulta más amable perderse en la prensa deportiva o decirle a alguien que no se olvide de comprar fruta, y adornar el mensaje con un dibujo, una cara con corazones en vez de ojos, o siendo mas pragmáticos una rodaja de sandia. Pero lo estábamos. La prueba está en que me di cuenta. Lo vi. El tendido nos convertía en postes humanos a lo largo de un desierto. No creo que la cosa llegue a hermandad. Serian tintas muy cargadas. Prefiero lo de los postes obligados a una leve geometría. A través del hilo supe que circulaba un mensaje: no queremos eternidad, nos conformamos con la permanencia. Después de leerlo procuré bajarme del vagón más despacio que de costumbre para evitar que se rompiera.