23/2/15

Miraba la butaca blanca en la que suelo leer. Así es como me ven, pensaba, un hombre amparado por una luz de sesenta vatios que cae en forma de cono. Ver la butaca vacía es como ver el hueco exacto que ocupo en el mundo. Este soy yo. Si alguien hiciera un bizcocho con mi forma debería usar este molde. Hay generales de hace cientos de años que duermen en las plazas y no parecen cansarse de su gloria, a juzgar por la forma de espolear al caballo o la determinación de uno de sus brazos, el que apunta siempre a la batalla. Todos tenemos un lugar. Muchos están en el pasado, como abrigos que nadie recogió de un guardarropa. Pero otros son presente, tanto que a veces nos ganan en esa carrera tonta y diaria que le gusta celebrar al tiempo. Un hombre. Una butaca. Un héroe de bronce en un parque helado. Un general muerto que dirige el tráfico de los que vuelven a casa buscando su lugar. Deberían existir mas estatuas de bizcocho.

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