7/1/15

Siempre que llega este día me acuerdo de una frase de John Cheever que leí en La geometría del amor: ‘En una noche así, tres reyes de áureas vestiduras atraviesan las montañas’. Creo que el cuento nada tenía que ver con la Navidad ni con la llegada de los Magos, aunque no voy a levantarme ahora para comprobarlo porque prefiero la ambigüedad de la memoria a la certeza cruda que pondría en peligro un ritual inventado. Me gustó porque la imagen estaba sacada de contexto y a la vez cumplía con el efecto que pretendía el autor. Cuántas noches hemos sentido que tres reyes atravesaban montañas para venir a nuestro encuentro y quizá ofrecernos un regalo que, inmerecido o no, pensábamos que nos pertenecía. A veces esperamos años. A veces no llegan y por eso regresamos a los días en que saltábamos de la cama y corríamos al salón para ver lo que nos habían dejado. Muchos creen que los niños sufren un trauma cuando descubren la verdad. Yo no lo creo. Hay noches que sigo sintiéndoles venir, igual que Cheever. La tierra retumba y se puede adivinar el paso calmado de los animales atravesando las montañas que hagan falta para encontrarnos. Algún día le hablaré de esto a Mireia, pero no hoy, quizá nunca, ya veremos. Que siga en la alfombra como está ahora, jugando en pijama, mientras los tres reyes regresan al lugar de donde vinieron.

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