14/10/14

Camino un rato después comer. El edificio en el que paso tantas horas permanece a un lado y me hace jugar a que soy una de sus mascotas a la que quita la correa para que enumere árboles y crea que está en Irlanda. Subo una cuesta. La experiencia dice que tras la lluvia hay que ir por el borde de los senderos, justo donde comienza la hierba. La vida es una compilación de pequeñas enseñanzas, un libro raro que nadie quiere que le leas en alto. Preferimos embarrarnos los pies antes que el orgullo. Mientras camino me sale una de esas frases automáticas: ‘Existir es el verbo más intransitivo’. Me cruzo con una mujer que corre. Lleva una camiseta amarilla muy ancha que se comporta como una bandera. Cualquier vida es una competición forzada contra una idea que nos sobrepasa. Al poco tiempo, la propia arquitectura del recinto que me dejó libre mueve una ventana para decirme que vuelva.

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