11/5/10

Si un perro es un perro y lo mismo le pasa a una manzana, ¿para qué escribo? Estos sencillos pensamientos me capturan una anónima mañana de primavera mientras mi cuerpo me lleva a mis obligaciones por el carril lento de la calle: el que me gusta. Si la realidad fuera tan escuálida y sólo se conformara con chequear sus listas de nombres, sus interminables inventarios, ¿qué nos quedaría? Todo esto lo pienso mientras mis ojos leen a W.G. Sebald en mi nuevo libro electrónico. Qué privilegio haber estrenado este aparato con tan gran autor alemán. Leo Austerlitz embobado por su sintaxis dura. Un escritor español que vive en Chile, Pablo González Cuesta, me comenta vía e-mail que por mi forma de escribir ve que me gusta la literatura alemana, ¿tanto se nota? Ahora no puedo leer a Sebald, a Mann o a Handke sin pensar que me esté convirtiendo en un germanista de andar por casa.
Si un perro en Hannover es un perro y a una manzana de la Selva Negra le pasa tres cuartos de lo mismo, ¿para qué escriben ellos? Mi artefacto electrónico de lectura me da la solución. Sigo a Sebald por la línea invisible que me marca. Cuando el tren toma una curva a la derecha, Austerlitz lo hace a la izquierda. Conclusión: la escritura desmiente los principales hechos físicos; seré más preciso: los completa. Si es verdad que mi sintaxis está viajando al norte tendré que abrigarme. Me despido de los hombres del sur y saludo de nuevo a Borges que con sus esquis al hombro me devuelve el gesto a pie de pista. Venerable realidad, te presento mis respetos desde el tren, ¿qué aventuras me traerás hoy? Con cualquier cosa me conformo, no quiero fuegos artificiales, recuerda mi timidez, recuerda mi fobia a los grandes eventos sociales. Con una buena luz me conformo, ya la desmenuzaré yo con mi instrumental de emergencia. Luz, túmbate aquí, te voy a intervenir quirúrgicamente. Me acompaña el doctor Sebald que amablemente ha resucitado porque no quería perderse esta ocasión. Celebremos la vida juntos. El doctor Mann entra también al quirófano improvisado y se acerca a mí; creo que me quiere decir algo. Traduzco al vsuelo de mi torpe alemán: un perro no es un perro y lo mismo les pasa a las manzanas. Buenos días a todos.

2 comentarios :

Pablo González Cuesta dijo...

Luis, muchas gracias por compartir conmigo este texto. Lo he disfrutado mucho. El género del microensayo es muy difícil y tú lo dominas.
Un abrazo,
PABLO GONZ

lu dijo...

Muchas gracias, Pablo, me alegro de que haya gustado. Yo lo llamaría microtonterías, pero bueno, acepto el cumplido.
Un abrazo.