20/8/09

Querida bitácora, hoy he comido pollo y me he cortado las uñas; gran parte de la tarde la he pasado en una tumbona vieja y despintada leyendo a Cortázar mientras las hojas de los árboles de enfrente se movían y rezongaban en medio de este cruce de coordenadas mediterráneas que casi tocan con Francia. No entiendo de botánica, por eso no nombro la clase de árboles mecidos por un viento que tampoco tendrá nombre aquí debido a mi desinterés por dichos fenómenos naturales. Por lo demás el día ha resultado tranquilo, ninguna exaltación digna de portada de periódico o clamor de manos ante la ventana. El verano le pone a todo una somnolencia desconocida que acaba recorriendo la sangre, muy despacio.
Bitácora mía y a ratos odiosa puta, pregonera de mi intimidad, buhonera de lo que se cuenta en mis plazas y recovecos, exhibicionista barata impulsada por mí y desde mí, y a la vez esperanza de cura para mi vanidad que todo lo sueña alto y en mayúsculas; haz una cosa: paganiza mis altares. Ya no sé que zapatillas de casa ponerme para contentarte o para tranquilizar mi proceso de búsqueda y crecimiento, el que me impulse a mi propio centro y me deje tranquilo por un rato. Bitácora de embarcación que ningún mar navega salvo el muerto. Querida, como te decía hoy comí pollo a la plancha acompañado de ensalada y una copa de vino blanco que no me terminó de convencer; luego me corté las uñas haciendo de funcionario resignado de mi cuerpo, notario de mi propia fisiología que me encadena a las rutinas y los estándares acordados de lunes, cicatrices, ph, ardores y deposiciones. Los restos de mis uñas descansarán para siempre en esta región cercana a Francia, acompañando a la flora mediterránea y a los envases de leche que se consumen por aquí. Ahora toca la despedida, aunque prefiero que sean los árboles los que te digan adiós agitando sus hojas. Pollo, uñas, ensalada, Francia, Cortázar, botánica, agua, somnolencia; cuántas palabras han pasado hoy. Te veo mañana.

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