21/9/15

El camino de vuelta a casa no existe, su ausencia viene propiciada por la falta de estímulos que le acerquen a tus ojos, normalmente se borra, las piernas se convierten en dos gomas sobre un papel garabateado a lápiz, los pasos desaparecen por culpa de una inercia que te impide caer en la forma mullida de una nube o en la amabilidad de la mirada que una mujer le regala a su hijo en un triciclo, esa amabilidad deja de ser un simple contenedor semántico y te mete de cabeza en su sentido, te recuerda con exactitud lo que dicen los diccionarios, la cualidad de lo que es digno de ser amado, piensas en su significado, de ser amado, y en ese momento se despliega el camino de vuelta a casa que antes se te negaba, como en los cuentos tridimensionales comienzan a surgir de la nada hileras de árboles y una fila de casas que superan a las de verdad bailando en pase privado para hacerse perdurables, como si la vida de pronto fuese una moneda antigua que nadie ha tocado jamás.