22/6/15

Los caballos no llevan anteojeras para defenderse del sol. Se las ponen para que se concentren sólo en lo que tienen delante y avancen. A veces pienso que esas mismas anteojeras son las que nos pone la amistad de alguien, o la afinidad que nos convierte en pares, o esas inconstantes lealtades que se desarrollan entre las personas. Como soy tu amigo no perderé tiempo en vistas panorámicas y me creeré el camino que me marcas, así no tendré que pensar ni dudar de ti o de tu palabra. Las palabras, cuántas vueltas nos hacen dar una vez pronunciadas y qué fáciles de amaestrar. Por eso copiamos a los caballos. Funciona igual en el campo de batalla o tirando de un carro. No les pedimos que sueñen ni que improvisen. Les pedimos que nos lleven, que nos sirvan, que nos aúpen a la victoria por todos los medios. Ya les clavaremos las espuelas en el lomo cuando llegue el momento y necesitemos su galope. El uso de esas tiras opacas ladeando los ojos hacen que el mundo avance, que sean posibles los sentimientos, las alianzas, los negocios, los amores, las decisiones. De no llevarlas todo se paralizaría. Habría que pensar a cada paso. ¿Me dijiste la verdad? ¿Heriste a alguien y me hiciste ver que no fue así? ¿Harías lo mismo conmigo llegado el caso? Como soy tu amo te protejo. Este artilugio te permitirá ver lo que yo quiera que veas. Decimos amigos cuando son espejismos de nuestro ideal. Confundimos los nombres y nos deslizamos como niños por la curva de los sinónimos. Así es más fácil. Y el día que se te olvide ponerme las anteojeras me las pondré yo, he aprendido a hacerlo y sé que para seguir a tu lado no debo ver mas que lo que tu dedo indica. Hacia allí, pues hacia allí iremos, porque por encima de tu compañía no hay nada, ni mucho menos la de otros que pongan en peligro lo que sentimos. El caballo de Alejandro silbaba la misma canción que su amo cuando volaban las flechas. El de Napoleón aprendió a no escuchar los cañones rusos. Así sobrevivimos, avanzando a pesar de todo y sin contar los cuerpos sin vida que se amontonen por el camino.

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