9/10/13

Un amigo digital te manda fotos de tartas cuando es tu cumpleaños. La intención es buena pero la sensación es como cuando eras pequeño y pegabas la nariz al escaparate de la pastelería. Le puedes meter en el cajón de los semidesconocidos y no se queja. No pide pan. Tiendes a pensar que vive en un link o congelado mientras caminaba por una acera de Berlín con un abrigo verde que tú jamás te pondrías. En realidad se parecen a muchos amigos de verdad que también se quedaron quietos un día al final de una fiesta, en un aeropuerto o tras una puerta que nunca se acaba de cerrar.