11/10/13

Intento de describir lo que se ve tras los párpados, no confundir con la última fila cochambrosa donde se sienta la memoria y pega chicles viejos en el brazo de la butaca, hablamos de los ríos de café que se encaraman al cielo y también del ejército de estrellas desvaídas que fluctúan impulsadas por una cama elástica que hay debajo y no vemos, lástima de limitaciones, deberíamos nacer con márgenes más anchos, cinemascópicos, y con diccionarios actualizados de lo que creemos ver, oh, músculo mucoso móvil que nos proteges y afectuosamente nos provees de entradas a bajo precio para el circo de nuestras imaginaciones: acepta esta murga que suena a órgano de iglesia pero que no pasa por alto los monstruos que deslizas a tu paso: cocodrilos que duermen bajo la cama, abuelas resucitadas que caminan por el pasillo en sudario y con velita, puentes hechos de ratas que la punta de tu espada nos invita a cruzar, dicho esto se agradece el nuevo día cuando pasa lo del perfume a mantequilla caliente, el manoseo familiar de los relojes y la vida en general con sus tambores y su tenderete de niños peinados con raya.