26/8/13

Mis pesadillas de estos últimos años son bastante recurrentes y tienen en común que me despierto de ellas saltando fuera de la cama como si algo estuviese a punto de morderme, atravesarme o quemarme. Echo de menos esos sueños más antiguos en los que simplemente atravesaba decorados infinitos salpicados de tanques de gasolina perfectamente esféricos y plateados, tanto que parecían naves espaciales o alguna forma de transporte o vivienda desconocidas para mí. También había caballos negros que cabalgaban a cámara lenta ofreciendo profusos detalles de la tersura de su piel y la palpitante musculatura de sus lomos esculpidos por el sol. Digo que eran pesadillas porque yo corría entre ese ciclorama infinito buscando una salida. De pronto, también de entre la nada, encontraba un puesto de control, aduana o garita de seguridad con una barra de paso a nivel. La persona que me aguardaba allí escrutaba meticulosamente sus papeles en busca de mi nombre mientras giraba la cabeza mostrándome su negativa. Si simplemente hubiese montado uno de esos caballos hubiese solucionado el problema. Era yo frente a mis miedos. Quizá aquel funcionario del puesto fronterizo era una parte de mí que quería burlarse del cobarde que esperaba que la barra se alzase para poder pasar. Las pesadillas actuales son menos alegóricas. La estética onírica ha sido suplantada por escenarios más vulgares. Del yo contra mis fantasmas he pasado al yo contra las previsibles amenazas de la existencia adulta. Me entristece no tanto el significado (confieso que es bastante aburrido) sino el tono de esas nightmares o revueltas del sistema inconsciente y la devaluación de su puesta en escena. Poniendo un ejemplo literario podría decir que mis pesadillas de hace tiempo las escribía Sebald y las de ahora simplemente las escribe Paulo Coelho con un bolígrafo robado en un hotel. Los que me conocen sabrán qué desolación tan absoluta puede producirme algo así. Tomando un clásico del positivismo contemporáneo más ñoño (ese “sigue soñando” que vale para casi todo) lo aplicaré en mi caso esperando que un día cambien las tornas y todo vuelva a su sitio. De momento seguiré con lo que toca. Todo tuyo, Paulo.