4/8/13

El código de la calma parece haberse desencriptado. Al final todo es mucho más fácil de cómo nos muestra previamente el pensamiento con sus pizarras de gráficos arabescos y todas esas vacilaciones que nos hacen sujetar el mentón con la mano en inútil pose. Solo hay que mirar hacia arriba. No es necesario decir bóveda celeste ni construir metáforas arriesgadas que después se queden en nada. Lo de arriba es azul. Lo que me rodea guarda un silencio considerado. Con eso basta. Mis hijas juegan con sus Nintendos en zonas distintas de la casa. De pronto escucho los pasos de una buscando a la otra para preguntarle cómo se hace algo. Las mujeres juegan en régimen cooperativo. Los diseñadores de juegos lo saben. Parece que el resto de la humanidad lo desconozca. En días como este sería grosero mirar el calendario para certificar la fecha. Todo lo hemos inventado nosotros menos la muerte. El mundo está lleno de trampas y palabras. Inconscientemente sumo las mías como el que da un paquete de arroz a la parroquia. La aritmética del bien manejada por los hilos de la vanidad. Mis hijas avanzan en sus fantasías. De cada rincón llega una música ramplona y feliz. El cielo parece hoy el palio de todos y da la impresión de que admitiría a cualquiera en su soberbia o en su modestia.