29/4/13

Ye está en casa con los otros. Tanto tiempo esperándole y cuando llegó parecía como si siempre hubiese estado allí. Es extraño todo. Lo bueno es que ya no tendré que imaginar cómo sería tenerlo en las manos y abrirlo para comprobar que es verdad, que todo lo que allí está escrito salió una vez de mí. Lo malo es que hoy lo abro y no me reconozco. Incluso siento rechazo y miedo de leer un poema y descubrir que no es lo que esperaba, que me engañé y engañaré a los que lo lean. Creo que los libros también son seres orgánicos y van cambiando a lo largo del tiempo. Empeoran y mejoran dependiendo de lo que lleven dentro. Creemos que depositándolos junto a otros en una librería se calman. Queremos pensar que es su cementerio y a la vez el templo de nuestra vanidad. Bueno, ahí está, ahí se queda para que se contagie de los otros y duerma, si es que tiene sueño. Yo, desde luego, sí.