7/2/13

La soledad es abrir el correo y ver que el remitente se llama LetsBonus, Cuponing o alguien llamado Alicia al que le preocupa tanto tu futuro que estaría dispuesto a hablar contigo por 1,24€/min. Pero eso no lo sabías a los veinte años, cuando esa misma sensación era luminosa e indómita y se extendía por el trozo de horizonte que dejaba ver la ventana de tu cuarto. Aquellos días fueron sagrados. Lástima de no saberlo entonces. ¿Qué hubieras hecho? ¿Qué espadas hubieses desenvainado para proteger tu paraíso? De allí hasta aquí viniste siguiendo un hilo. Los días que nevaba avanzabas más despacio. Eras una bola de luz azul que rodaba por lo blanco. Ibas sólo, pero cantabas. Cuando el sol estaba cerca te parabas bajo un árbol. Jamás escuchaste a nadie. Eras joven. Lo que nacía por la mañana podía morir por la tarde sin funerales. Ahora tu dedo dice “eliminar correo” como el que manda cantar a su ídolo en un estadio vacío. Estás en el centro del campo. Sentado en una silla de madera cuyos crujidos hacen más real el silencio. Un halcón vuela en círculos sobre tu cabeza. Esperas que empiece. ¿Conseguirá abrir la boca el muñeco de tu soledad? Mientras, el resto de ti corre a la superficie para buscar aire.