31/1/11

¿Son doce o trece? Me cuesta mirar atrás y contar las migas que hemos ido dejando por el camino hasta llegar aquí. Me parece mejor detenerme en las imágenes que guardo de todos estos años. He aprendido a ser una cámara de fotos caprichosa que solo almacena en su memoria los momentos que confunde y traspapela de lugar poniendo caras asombradas, de esas de ver granizar con fuerza o como cuando en invierno, cerca del mar, observamos volar una sombrilla de propaganda desde una cafetería y nos quedamos muy quietos al refugio del calor de la taza que sostenemos en la mano. No sé si será la mejor actitud ante el paso del tiempo. Tú tienes la tuya, que contiene más ilusión y lazos y luces y cajas que se abren y quizá ojos que brillan ante la llegada de los días que figuran destacados en el calendario. Imagino que para alguien como tú es difícil convivir con alguien como yo. Pronto llegará el aniversario de ese milagro y sigo sin saber si son doce o trece los años que nos separan de tu vestido blanco y esas fotos que nos hacen tanta gracia: mis tías de Valladolid con sus pamelas exageradas y el blanco cremoso de la carrocería de un coche antiguo que te trajo a la iglesia. La mitad de la gente que fue a nuestra boda se ha ido difuminando. Solo es gente que vino a mi boda, decimos cuando alguna amistad se pierde o su trato se espacia tanto que no logramos distinguir si aun permanecen esos hilos que nos unieron antes o ya están enmarañados y sucios en el suelo. Creo que todo se lo debemos al tiempo. Lo bueno y lo malo. Sus trucos de magia barata nos condenan y nos elevan. Sus efectos ópticos hacen que nos lancemos a piscinas vacías o que compremos guitarras con las que hacer esa canción definitiva que hable del amor verdadero, sin ñoñerías ni tentaciones demasiado universales.
Entonces, como cada año, llegará ese día y me sentiré algo nervioso pensando en qué debo hacer para no defraudarte: si levantarme cantando, si llenar la cama de pétalos rojos, si escribir algo muy personal que solo leas tú y después aparecer y dártelo y esperar que leyéndolo me perdones todo. Pero sería demasiado fácil. Debe ser algo que me cueste más. Las palabras se acaban convirtiendo en la consecuencia de un oficio, como las virutas de serrín en el suelo de las carpinterías. ¿Qué debo hacer? ¿Qué palancas debo accionar para que sepas que lo que siento sigue siendo fiel a lo que sentía ese día en Barcelona saliendo contigo del brazo en aquella iglesia de Pedralbes?
Mi pánico por las ceremonias también es el mismo. Recuerdo el tranquilizante que me dio mi madre en el pasillo del hotel. Es muy flojo, me dijo, mientras su mano me tendía la pastilla. Me la tomé y subí a un taxi sin saber que mi vida de después no tendría nada que ver con la que dejaba atrás y que se iba haciendo pequeña a medida que el coche subía a la parte alta de la ciudad. Llevaba un traje de Miró y una corbata de lazo que me elegiste tú. Me ponía nervioso no saber qué hacer para que los gemelos de plata no se moviesen tanto. Y después llegué. Atravesé una puerta y en la pantalla de mi autobiografía apareció un rótulo que ponía: doce o trece años después. Sean los que sean tengo que decirte que me da igual, que te quiero con la misma insensatez de aquellos dulces, extraños y lejanos días.

6 comentarios :

Anónimo dijo...

Luis, esto es de lo más bonito que he leído en mucho tiempo. Debo confesar que hasta me hiciste llorar. Es increíble, e incluso esperanzador, que existan hombres con esa capacidad de amar que tu tienes, y que los años no venzan esas ganas de sorprenderla, tal y cómo lo hacías antes, cuando apenas se conocían. Es precioso, muchas felicidades!
ITZIAR

Anónimo dijo...

Pues yo fui a esa boda y no me he difuminado. Y eso que estuve a punto de hacerlo la noche antes de la boda que pasé en urgencias del Virgen del mar, tras haberme "hiperventilado". Una experiencia, te lo juro.

Anónimo dijo...

Paloma Smallest

luis acebes dijo...

Itziar, creo que dentro de poco estaré escribiendo un post (tan bonito o más que este) de cierta boda en Acapulco. Y por supuesto iremos.
Me gustó mucho tu comentario.
Besos.

luis acebes dijo...

Paloma, no sabía lo de tu hiperventilación. Ahora tiene mucho más mérito que vinieras. y que no te hayas difuminado.

josepmanel dijo...

Enhorabuena. Y felicidades, por supuesto.