24/8/10

Escribir es correr en círculos. Un desfile solitario y oscuro que tu propia inconsciencia te obliga a hacer con una lámpara de cuarenta vatios en la mano. Bajo esa luz todo lo que te rodea tiene el aspecto de un sueño. Desde las tribunas te saludan los cocodrilos viejos que se han apostado allí para verte girar sobre ti mismo, sobre el eje de tus obsesiones que a ellos parecen complacerles. Las bestias anfibias aplauden y accionan sus mandíbulas de alicate con furia, dándote a entender que en el momento en que te pares te convertirás en su alimento.
El viaje circular no se acaba nunca. Las palabras-autobús y las palabras-bicicleta te preceden. Son ellas las que van trazando la circunferencia que tú sigues. ¿Hay sol, no hay sol? Da lo mismo. Este es un mundo inventado. Un mundo perdido que tu imaginación/pesares/debilidad/incoherencia han creado en tu nombre. Dijiste que sea así y así ha sido, así fue o está siendo. No sabes a qué tiempo verbal de la noria subirte para determinarlo y piensas quizá que a todos esos tiempos les corresponda el honor de zarandearte.
Escribir es correr en círculos por el interior mohoso de una sombra. Deslizarte. Comprar cautividad a precios disparatados. Deshacerte y esperar a que las vueltas (sumadas y echadas una encima de otra) te reconstruyan de otra forma, te den otro aspecto cercano a ese que buscabas. Tu lámpara de bajo voltaje tiembla en tu mano. Despide una luz arisca y moribunda, pero la justa para impedirte caer en las numerosas trampas del suelo. El público anfibio de la grada celebra con chasquidos de huesos tus tambaleos. Al verlos sentados te preguntas quién los ha antropomorfizado así. Quién les enseñó a aplaudir. Quién les enseñó sarcasmo y desprecio. Piensas en ese instante lúcido en las palabras de Heinrich Böll cuando aseguraba que nadie en el mundo comprende a un payaso, ni siquiera otro payaso. Entonces es esto. Escribir es toda esta soledad que traza curvas infinitas y luego vuelve a perseguir tu espalda y se divierte corriendo con los pies girados para desquiciarte. Eres el payado solitario de Böll. Ese mimo que actúa ante páginas arrancadas de libros que se amontonan en los parques o se pegan en el cuerpo viscoso de los cocodrilos.
Escribir es morir en círculos muy despacio.

4 comentarios :

Isabel González dijo...

Es cierto, un poco es morir en círculos que debe ser lo mismo que vivir en círculos. Cuando dejo de escribir, a veces siento que vivo realmente, Es ese mundo del escritor que es y no es su mundo, ... El problema es que está una enganchada, una adicción, ... pretender vivir de ello, obetenr el reconocimiento de los los lectores, críticos ...etc, publicar, ... ese circulo es algo más grande, más adictivo, más peligroso. ¿Y sin nos olvidamos de que hay otra vida despues de nuestros escritos?... yo procuro contrarrestar éso como puedo

lu dijo...

Isabel, me alegro de tenerte como lectora: un placer. Lo que dices es cierto. El otro día, cuando escribí eso, intentaba comprender por qué escribo, cuál es la razón que me lleva a esta travesía oscura y cotidiana. Es casi una manía más que un oficio, una barbaridad a la que te acostumbras como si las bombas atómicas fueran algo habitual en el horizonte. Y sigo escribiendo y sigo asistiendo a esas extrañas explosiones. Supongo que la respuesta (la única) es avanzar.

Isabel González dijo...

AVANZAR, sí, CRECER, más hacia adentro que hacia afuera ( caramba, crecer hacia dentro, vaya, a lo alto, a lo largo, hacia adentro y hacia afuera, vaya), en el fondo y en la forma.

Pásate por mi blog cinado te apetezca, sería valioso para mí contar con tu opinión

lu dijo...

Lo haré encantado, Isabel.