24/3/10

¿Un jabón líquido del baño de una oficina puede oler a paz? Lo pienso mientras cojo varias toallas de papel y me seco las manos delante del espejo. Me llevo las manos a la cara, las acerco a la nariz y aspiro. La sensación es dulce. Algún componente químico le dice a mi cabeza que no tenga miedo, que simplemente camine en la dirección que marcan unas flechas invisibles que encontraré a lo largo de este viaje. ¿A dónde me llevarán esta vez?, le pregunto al olor. Recuerda que el viaje es el destino, me responde. Sé que hago mal en hablar solo pero los baños de los edificios de oficinas son buenos para las revelaciones. Salgo de allí. Subo unas escaleras y vuelvo a mi despacho: un cubo acrtistalado en medio de la nada. Por el techo cruzan tubos de aire acondicionado. El ruido que producen también me llena de paz, pero es otra, una distinta que quizá ande disfrazada y esconda dientes triangulares y sucesos difíciles de explicar. La normalidad no existe. Existe esto: las interpretaciones, las sensaciones tan subjetivas que a veces dan asco y miedo a la vez; existe el informe que realiza la piel a diario, en él pasa a limpio todo lo que no ha podido explicarse en su contacto con una mesa gris o una silla a la que le falta una rueda. Nuestra piel, nuestra consistencia, nuestras teorías del mundo a través de la experiencia. Vuelvo a llevarme las manos a la cara. Mi nariz ya no encuentra el rastro de esa sensación tranquila. Aquella paz ya son sólo diminutas banderas a lo lejos, justo donde el horizonte posa las manos y las entrelaza para ver pasar el tiempo. Hay tres papelitos amarillos pegados a la mesa. En uno de ellos está escrito mi nombre junto a una clave, ¿será la clave de acceso para mi viaje? Al otro lado del cristal hay dos personas sentadas delante de sus ordenadores. Una de ellas busca algo dentro de una bolsa mientras habla con la otra. Sus palabras me llegan deformadas. Sólo entiendo su risa que ahora rebota en su jaula acristalada. Somos parte de un experimento, me lo dice uno de los papeles amarillos; la palabra experimiento está marcada con un rotulador fluorescente; un experimento, ¿eso es todo? Necesito volver al baño y oler el jabón de la paz. Esta vez cerraré la puerta y estaré un buen rato con las manos cerca de la nariz. Si soy un experimento quiero saber hasta dónde puedo llegar. Puede que los tubos del aire sean el pasadizo que conecta esta realidad con la otra que me espera. Dentro está el juez de la carrera y el público que ha pagado su entrada para ver mis evoluciones. También dentro sé que hay campos intactos llenos de todas esas flores que desconozco y un sol de melocotón en almíbar dispuesto a guiarme por el magnífico cielo de este sueño.

2 comentarios :

Brotestertor dijo...

Qué hijo de la grandísima puta, cómo me ha gustado lo ahí expuesto.
Disculpel exabrupto, pero me ha salido así. :D

Saludos, máquina.


PD: y cuidado con las pacíficas sobredosis... ;)

lu dijo...

Estás disculpado. Me alegro que te haya gustado.
Un saludo.