12/1/10

De vez en cuando una canción anticuada te recuerda la dignidad de los sentimientos. No hace falta que la canción sea perfecta ni que haya sido un éxito en listas comerciales o de culto. Hablo de una canción que de pronto aparece mientras compras calcetines en una tienda o metido en un taxi atascado en medio de otros muchos. Mi canción anticuada de hoy se llama Strong Enough de Sheryl Crow. Estaba tomando café y ha sonado. Es una de esas baladas de medio tiempo (como dicen los locutores de radio más sofisticados) que te reconforta con lo que sientes. De repente aparece Sheryl Crow montada en un caballo blanco y lleva en la otra mano las riendas de otro que también es blanco. Tú la miras y piensas que ni loco te vas a subir ahí, que qué dirían tus prejuicios, que estás en contra de esas demostraciones horteras de emotividad. Pero no sé por qué te subes y empiezas a cabalgar al paso. Estás en una playa desconocida y está amaneciendo; y lo peor de todo, estás con Sheryl Crow. ¿Cómo se explica esto? ¿Qué ha pasado en tu vida para que hayas acabado así? Lo que pasa es que al final te relajas y escuchas su voz. Es una historia bonita. Habla de resistencia. Creo que ser resistente es más importante en la vida que ser fuerte. Se lo digo a Sheryl y asiente sin dejar de cantar. Le digo, Sheryl, me da que tu canción habla de eso, de saber encajar los guantazos que nos van dando por el camino, que todos esos mandobles van a parar a un saco en el que fermenta nuestro orgullo y produce un vino muy seco que al final de la vida será delicioso. A Sheryl no le ha gustado que utilice la palabra delicioso, ha hecho un mohín con la boca pero ha seguido cantando. Montar a caballo por la orilla de una playa al amanecer tampoco es que me vuelva loco, parecemos un videoclip de los ochenta, le digo, deja al menos que diga delicioso si quiero. En fin, cuando uno vislumbra la dignidad de sus sentimientos tiene que pagar un precio. El mío es este. Sheryl dice que siente un infierno, lágrimas de rabia por no poder pelear. Creo que la han dejado plantada y por eso está cantando esta canción. Cantar te hace fuerte, tan fuerte como escuchar a otros cantando, ese es el secreto para que la música sea tan importante. Cuando alguien hace una canción es como si bordara una bandera y le pusiese un palo y la colocase en lo alto de su casa; esa bandera dice, ¿lo ves? Soy tan fuerte que he convertido mi dolor en un estandarte, así espantaré a otros dolores que me acechen. La canción termina y nos bajamos del caballo. Era inevitable un abrazo final. Después del abrazo le he dado las gracias, le he dicho, Sheryl Crow, necesitaba algo así hoy, de verdad, te lo agradezco, me ayudará a ser un poco más resistente con lo que debo serlo. Es una cuestión de dignidad, dice ella. Ya, hoy lo he entendido por fin, le respondo.

2 comentarios :

David Russ dijo...

Ese tipo de banderas nos recuerdan que el dolor sirve para algo. O para una sola cosa. Aprender. Quizás para que cuando volvamos a sentir ese dolor sepamos reconocerlo.

lu dijo...

Bien cierto, David. Lo que pasa es que muchas veces no las vemos o no las queremos ver. Gracias por tu comentario. Espero contarte entre los visitadores de este blog. Un honor.